Esta semana ha sido una de nostalgia, tanto por cosas que nunca gocé como por cosas que quise gozar y nunca pude.
En noviembre 2006, el empleado en la tienda Felix B. Maduro me habla del Nintendo Wii y me convence de hacer una compra impulsiva, pero sorpresa: se agotaron todas las unidades.
Me fui de la tienda triste, pero no con las manos vacías. Como un acto de compromiso, me compré The Legend of Zelda: Twilight Princess. Mi lógica me dijo que, habiendo gastado los $50 que costaba, tenía que comprar un Wii tarde o temprano o sino mi dinero se iría a la basura.
Casi un año más tarde, mi vida se había vuelto más difícil al dejar mi cómodo trabajo de supervisor en un call center. Estaba trabajando en una agencia publicitaria y no tenía tiempo para más nada excepto dormir.
El día del Wii nunca llegó.
Por primera vez en casi dos décadas, no hubo consola de Nintendo en mi casa y lo que es peor, esto ocurrió justo en el momento en que todo el mundo parecía tener la más nueva consola que tenía hasta a abuelitas jugando por primera vez.
La era del Wii me pasó completamente de largo, pero en casa al menos había un PlayStation 2 y eventualmente un PS3 (prestado, pero no importa).
Hay un sinnúmero de títulos de Wii que nunca he jugado, especialmente los títulos exclusivos de Nintendo como los Mario Galaxy, y posiblemente puedo morir sin jugarlos, pero Twilight Princess es una yaga que me sigue molestando. O al menos así era hasta hace 5 días.
¿Te gusta lo que estás leyendo?
Hazte miembro para continuar leyendo este artículo y tener acceso a todo mi contenido. Además, podrás comentar y ayudar a crear nuestra comunidad.



