¿Quieres ver valles, arrozales y cuevas en el norte «real» de Las Filipinas? Seguro, pero ¿por qué no mejor descansas primero de las 24+ bestiales horas de vuelo que acabas de destruir?
Cógelo con calma, relájate y cuando hayas descansado haz lo que yo y consíguete una mochilera holandesa loca pa’ que te catapulte directo a la aventura y aprendas como se mochilea de verdad, coño.
¿Qué haces la primera mañana después de comenzar un viaje de cinco meses? Te tomas las cosas con calma y desayunas para luego quizás darte una vueltita por la cuadra cerca del hostal, a ver y aprender sobre tu nuevo entorno.





Así que en breve les acabo de describir los hallazgos básicos de mi primer fin de semana en Asia. Todo fue bastante calmado y sin mucho que contar para ser honesto, y de hecho esperaba que las cosas se mantuviesen así por las próximas dos semanas (bien loco, lo sé).
Afortunadamente todo eso cambió cuando conocí a La Terminator y sin pensarlo me pateó el culo para que comenzara mi aventura como se debe.
Un Mundo Ideal
Los que han seguido Pateando Calle desde que comenzó el año pasado probablemente ya saben cómo conocí a Stefanie, la chica holandesa que también se hospedaba en mi hostal y que de la nada me invitó a acompañarla al norte de Filipinas, un lugar que honestamente no tenía la mínima intención de conocer.
Aquí una cita de aquel artículo:
Bajé a la recepción del local y me encontré con esta rubia flaca sentada en el sofá frente a la escalera, todas sus maletas empacadas y ella esperando algo pacientemente. Hicimos contacto visual y decidí acercarme y hablarle, porque honestamente ni sabía que se estaba hospedando en el edificio aún después de dos días viviendo allí.
Cuenta la leyenda que 10 minutos después de charlar me preguntó si quería ir con ella a Sagada, un pequeño pueblo en la provincia alta de Luzón y «ver qué hay allí». Lo pensé bien duro como por unos 10 segundos antes de salir corriendo a mi dormitorio y empacar mis cosas como loco a la vez que acordaba con el personal del hostal que usaría las noches que ya había pagado a mi retorno.
Ahora estamos sentados en un taxi camino a una de las estaciones de bus en Manila para abordar un express nocturno hacia Baguio. Stef se ve realmente emocionada y se la pasa sonriendo, probablemente porque pensó que tendría que tirarse todo ese viaje sola antes de conocerme. Yo, por otro lado, estoy que brinco en un pie porque esta chica me está llevando derechito a No-Sé-Donde y se siente ameisin, brother mopri awebao. En mi cabeza pienso que estas vainas namás pasan en películas locas de road trip, man. «¡Esto es mochilear de verdad!» – exclamaba la loca a mi lado, con una sonrisa de oreja a oreja en su cara a medida que el taxista hacía la de Fittipaldi con el fuerte tráfico de la ciudad.
Llegamos a la estación alrededor de las 10:30 p.m. y reservamos un bus nocturno de Ohayami Trans por 1,290 Pesos Filipinos o unos $29 USD cada uno. En total nos tomó más o menos 4 horas en completar la primera mitad del viaje.
Esperando el bus, Stef comienza a darme tips de supervivencia como que siempre debo cargar mi propia botella de agua y de cómo debo llevar mis dos mochilas para que no me las roben mientras camino. Nos subimos al bus temprano para poder ocupar los asientos al final, porque usualmente tienen más espacio para las piernas y no tienes que mirar constantemente detrás de ti para que no te roben o te soben.
¡El viaje es una ponchera! Intercambiamos música y hasta videos (ella tenía wifi del bus, que para mi era una bendición), hablamos sobre la vida y nuestras relaciones. Me dijo que es una enfermera en Holanda y que estaba interesada en un irlandés que vive en Australia, y yo le conté sobre Petra y mi trabajo de diseñador, así que cuando mucho estuvimos muy claros y ganamos confianza mutua rápidamente.
Lo he estado diciendo por años, pero juro que existe un consorcio internacional de conductores que conspiran para subir el aire acondicionado a 11 y ver si un pasajero se les muere de hipotermia, porque hubo un momento en que el aire dentro del bus se puso intenso y Stef sugirió que nos acercáramos para mantenernos abrigados.
Cómo así, fren.
¿Quién es esta persona? ¿Estoy soñando? ¿Qué ta pasando aquí? Haciéndome el de pocas ganas puse mis brazos alrededor de ella, los dos mirando hacia la ventana hasta que me quedé dormido con la cabeza sobre su hombro.
Nos despertamos frente a una fría y mojada calle en Baguio. Ahora eran las 3 de la mañana y todo el pueblo estaba cerrado por lo que debíamos esperar hasta las 6:30 a.m. para nuestro próximo bus hacia Sagada, así que decidimos comer y hablar más dentro de un restaurante de tallarines en la estación. Ella pide fideos y coquetea con el camarero. Yo pido arroz con pollo adobo.
Aquí es donde las cosas se tornan más interesantes, porque Stef me cuenta sus recuerdos de lugares que visitó en el sureste asiático. Ella había estado viajando por 3 meses y ya conocía mucho de los lugares que yo pretendía visitar.
Abro mi cuaderno y comienzo a anotar nombres de lugares y cosas para ver y hacer en Laos, Vietnam, Cambodia y Tailandia. Nunca viajo con un libro tipo Lonely Planet, optando en vez por seguir las recomendaciones de gente que voy conociendo en el camino. Cuando encuentro a alguien cool y divertido como Stef me tomo el tiempo de extraerles información para así mantenerme lo más lejos posible del camino popular.
Así que nos subimos al siguiente bus y parece que vamos con menos gente, algunos de los cuales seguramente trabajan en Sagada y hacen este viaje todas las semanas desde Baguio. El bus en sí no es un gran express como el de Ohayami, sino un coaster más pequeño que se detiene de vez en cuando a recoger niños que van a la escuela o ancianas.
La segunda parte del viaje es un largo y enredado camino por el borde de un valle. El número de curvas y lo empinado de la carretera parecen no tener fin así que Stef y yo nos turnamos para poner la cabeza en el regazo del otro a medida que el sol escala la montaña junto al bus afuera de la ventana.
Alrededor del medio día llegamos al estrecho final del viaje cuando de repente lo impensable ocurre: nuestro bus se daña.
Una llanta explota al momento en que subíamos la última loma del viaje. El camino desde Baguio había estado bien en su mayoría, pero la última parte justo antes de llegar al pueblo estaba en reparación y sólo un carril estaba habilitado a la vez. Nuestro bus estaba sosteniendo sobrepeso y la llanta trasera derecha cedió cuando este saltaba del camino de tierra al asfalto.
¡Xopau al Rescate!
Otro bus pasó y se llevó a los niños y los mayores de nuestro transporte, pero ahora Stefanie y yo teníamos que caminar hasta el pueblo cargando nuestro equipaje.
Aquí fue donde conocimos a Xopau, una chica loca de Manila que estaba de vacaciones. Stef la conoció primero y rápidamente la chica se sumó a nuestro dúo con su cámara en mano. Juntos comenzamos la ruda caminata y en el camino le preguntamos a un hombre en su choza cuánto tiempo nos tomaría llegar al pueblo. Nos dijo que «30 minutos» con toda la confianza del mundo.
Stef toma la oportunidad para impartirnos otra perla de su conocimiento mochilero: nunca confíen en nada que digan los locales sobre el tiempo. Cada vez que un local en el SE de Asia les diga que algo toma una hora, multipliquen esta estimación por 3 y comiencen a contar desde allí. Aún si están en lo correcto, estarán mentalmente preparados si no es el caso. Y la mayor parte del tiempo (incluyendo esta vez) no lo están.
Seguimos caminando y parece que esto no tiene final, pero un camionero nos ve y Xopau comienza a gritar algo en Tagalog y pone su pulgar al aire. La nena nos consiguió un bote al frente con el conductor que iba solo y así nos aventaron hasta la entrada del pueblo 10 minutos más tarde. Ni siquiera quiero pensar cuanto tiempo nos hubiese tomado subir y bajar colinas bajo el sol con 24 libras de mochilas en nuestras espaldas. Esa Xopau fue la jugadora más valiosa en mi libro aquel día.
Bienvenidos a Sagada
Es sorprendente. El pueblo es literalmente una calle cuesta abajo con edificios altos y pocos caminos a los lados. La vista es impresionante y todo el lugar brilla con colores vibrantes entre los árboles. Nos bajamos del camión y fuimos directo a la cabina de información que está dentro de la oficina postal. La mayoría de los pueblos en los lugares que visité tienen un mostrador con información donde te dan mapas, panfletos y otros datos valiosos gratis.
No puedo describirlo, pero el sentimiento que te da el bajarte del bus y saber que por fin estas allí es muy similar a la definición de placer. Aún si todavía tienes que hacer más cosas y caminar otro montón, la sola idea de que podrás descansar la próxima vez que sueltes tus maletas es invaluable.
Así que nos internamos en el Residential Lodge donde Xopau se consiguió una habitación privada y Stef y yo compartimos una habitación con camas separadas. Otra ventaja de tener un pasiero de viaje es que pueden compartir el precio de privados y tener la seguridad adicional de una puerta cerrada.
Aquí fue donde pensé que tomaríamos un tiempo para descansar, pero estaba pronto a descubrir lo equivocado que estaba. La Terminator estaba a punto de instalarse y comenzar su mandato.
Necesito Tu Ropa, Tus Botas y Tu Moto
Stef arregló sus cosas y rápidamente me dijo: «Voy saliendo a comer, ¿vienes?» y desde ese momento su actitud comenzó a cambiar de una manera que no esperaba.
A medida que nos desplazamos entres buses y ciudades, las últimas 12 horas nos acercaron bastante, quizás incluso coqueteando un poco entre los dos, pero justo después de dejar nuestras maletas en la habitación algo cambió.
En los días que siguieron, la chica holandesa que sonría de emoción después de invitarme de pronto cambió su actitud y en vez de preguntarme si quería hacer algo simplemente me decía «voy a hacer esto y si quieres venir conmigo está bien, y si no, pues allá tú». La Terminator no tiene tiempo para convencerte de venir con ella, la mujer tiene una misión que cumplir y si quieres acompañarla, será mejor que te saques el dedo y no la hagas perder su tiempo.
«voy a hacer esto y si quieres venir conmigo está bien, y si no, pues allá tú»
Stef sabía que no nos quedaríamos en Sagada por más de dos noches, así que no parpadeó tratando de conseguir un guía para el siguiente día. Por un lado las cosas a veces se tornaron estresantes, pero por el otro Xopau y yo estábamos agradecidos de tener a otra persona encargándose de negociar los tours para nosotros, ya que creo que ninguno de los dos tenía idea de qué hacer.
Entre otras cosas, recuerdo que temprano esa noche Stef sacó un cuaderno y uno de esos mapas de viaje amarillos — este en particular de Filipinas — y comenzó a delinear nuestro camino y escribir notas sobre sus movimientos en las últimas 48 horas.
Me pregunté si me incluiría en sus notas y de ser así, qué tendría que decir sobre este tonto muchacho panameño al que convenció de venir. En realidad también me pregunté si alguna vez podría ser tan estricto en mi manera de viajar y conscientemente sacar tiempo para escribir sobre mi aventura en un diario…
Nos fuimos a dormir y tratamos de descansar después de un intenso día de viaje, listos para más acción a la mañana siguiente.
Este es El Gran Viaje. Donde un panameño divaga por la Tierra en busca de un propósito, aventura y respuestas. Parte de la serie Pateando Calle, encuentra el archivo aquí. Gracias por acompañar.