Tears of Metal te convierte en una máquina de muerte escocesa

Paper Cult toma lo mejor del género musou y lo combina con folclore medieval para un festín revolucionario.

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Uno de los juegos que más captaron mi atención durante el Summer Games Fest fue Tears of Metal, un hack ’n’ slash en tercera persona que combina elementos de juegos roguelite con combate de 1 vs miles.

Durante las últimas dos semanas pude probar el demo que contiene las primeras horas del juego hasta llegar a su primer boss, en lo que me costó no rendirme para llegar a su fin. Fue una batalla campal tanto dentro como fuera de la pantalla, pero lo logré.

Paper Cult, el estudio de Montreal conocido por su juego anterior, Bloodroots, vuelve a la carga con una aventura que se apoya ligeramente en los eventos de la 1era Guerra de Independencia de Escocia, aunque en este relato un gran meteorito cae en el corazón de la isla, atrayendo a invasores que buscan explotar su poder mineral, caigan los que caigan en el proceso.

El demo que probé no ahonda en hechos históricos más allá de ciertos nombres y el hecho de que estás masacrando ingleses a tutiplén. Lo que importa aquí es el combate.

Un musou medieval

La primera interacción que hice fue presionar A varias veces para alzar la moral de mi batallón en lo que el juego nos aventaba contra una horda de cientos de soldados. Hay un botón que te permite gritar en cualquier momento y, aunque no hace nada práctico, me gustó que Tears of Metal se compromete con su temática hasta en este detalle.

El inicio de la campaña te pone en los zapatos de William Wallace; sí, el mismo Guardian de Escocia popularizado por Mel Gibson en Braveheart. William va acompañado de su caballería medieval que incluye arqueros, soldados de infantería y lanceros.

En combate, tienes un ataque rápido y otro pesado, los cuales puedes combinar para borrar del camino cualquier cosa. También puedes evadir ataques con un dash y bloquear o desviar ataques color amarillo. Tanto para evadir como para bloquear hay una barra separada que limita el uso de estas acciones, lo que te fuerza a cambiar de estrategia constantemente.

La característica particular de Tears of Metal es cómo introduce los cuatro elementos que puedes combinar para armar tu versión personal de William: fuego, orbes rojos, vórtices azules y ataques refractados.

Dos o más elementos pueden aparecer al azar durante cada partida, por lo que debes escoger tus batallas en el mapa estratégicamente para llegar al boss del área con suficiente poder.

Encima de los elementos, hay una plétora de artefactos que agregan beneficios pasivos a tu ataque, defensa o capacidad de generar fondos de guerra, los cuales necesitarás para mejorar tu batallón y habilidades de combate.

Un roguelite al fin

Disfruto jugar roguelikes. En este sitio web he publicado varios artículos sobre juegos que se acogen a este subgénero al parecer omnipresente e ineludible, y puedo decir que ninguno me ha resultado tan difícil de superar como Tears of Metal.

Para completar el demo debes derrotar al primer boss, un gigante llamado Giles, que blande una porra con chuzos y te puede hacer la vida de cuadritos dependiendo de cuanta dificultad adicional tenga. Este villano me forzó a entenderme con la última capa de estrategia en ToM: el medidor de dificultad.

En cada run hay un medidor que incrementa el nivel de dificultad de la siguiente batalla, con cada nuevo nivel agregando un nuevo obstáculo como refuerzos infinitos o enemigos con más puntos de vida.

No puedes detener el medidor y si fallas en completar objetivos clave dentro de ciertas misiones puedes ocasionar que la barra del mismo suba aún más rápido, desbloqueando más obstáculos que harán del malo final una pesadilla.

Así es como el juego te hace sopesar las ganas de agarrar todos los upgrades en el mapa con la necesidad de luchar solo aquellas batallas que sean suficientes para vértelas con un Giles fácil de vencer y un arsenal que te ayude en el intento.

Como los elementos, items y enemigos son generados al azar en cada partida, tu pensamiento crítico impera para tener un run exitoso. En mi caso, me volví diestro comprando artículos y alocando elementos solo a mis bloqueos y ataques rápidos, las actividades que hago con mayor frecuencia.

Después de varios días intentando ganarle a Giles, por fin lo logré sobre mi décima hora con el bendito demo. Me sentí aliviado y realizado, pero temo que otros jugadores no tendrán la paciencia necesaria para ajustar su juego y manipular el medidor de dificultad.

Se ve metal

La presentación de Tears of Metal es única en su género. Te hablo de power metal celta con gaitas y guitarras eléctricas mientras arremetes con cientos de enemigos en pantalla.

El estilo visual es caricaturesco, dibujado como en mis cuadrenos de secundaria, de manera no disimilar al filme TMNT: Mutant Mayhem. Hay mucha exageración y en los niveles y diseños de personaje, lo cual me ayudó a no enfocarme tanto en los litros de sangre que vuelan por doquier.

El arte de Carl Tétreault, uno de los ilustradores en el proyecto, es fantástico evocando mitología medieval con heavy metal para llevarnos a escenas que parecen arrancadas de una portada de vinilo de los años 70.

Admito que no había gozado de un título musou desde Age of Calamity, por lo que estaba más que dispuesto a asaltar los 5 ó 6 niveles repetitivos del demo sin cansarme. Quizás no sentirás lo mismo que yo si has jugado un título Warriors reciente.

Tears of Metal trae un escenario y temática lo suficientemente nuevos para atraer a quienes buscan Dynasty Warriors más crudo, sencillo y ligeramente basado en eventos históricos reales. Me encantaron los acentos escoceses, pero me hubiera gustado oír más variación en los gritos de victoria después de cada batalla.

Si no has jugado el demo, todavía estás a tiempo de jugarlo. Tears of Metal saldrá para Early Access en Steam el miércoles 22 de julio.

Alba gu bràth!

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