A finales de junio de este año, el Joy-Con izquierdo de mi Nintendo Switch de un año empezó a comportarse de forma extraña.
Al principio, era un pequeño movimiento errático aquí y allá, durante uno que otro run de Enter The Gungeon por las noches. Cada vez que movía la palanca análoga en una dirección, mi personaje se quedaba quieto o corría a otro sitio; ese tipo de cosas.
Descubrir por primera vez que una pieza de tecnología querida está defectuosa es como enterarte que te han dejado por sorpresa. Las cinco etapas del duelo te golpean con la misma fuerza.
Con la esperanza de que el problema fuera solo una casualidad, mi instinto inicial fue actualizar y recalibrar el mando a través de la configuración de la consola. Al ver que esto no solucionaba nada, empecé a preocuparme e inmediatamente después a informarme gracias a este artículo útil de Nintendo Life.
Mi etapa de negación se manifestó cuando fui a la tienda de electrónica cerca de mi apartamento y compré una lata de aire comprimido de 10 € para soplar las partículas de polvo alojadas dentro y alrededor de la palanca del Joy-Con.
Me sentí bastante listo cuando la solución improvisada funcionó, pero la sonrisa en mi cara solo duró dos días. Al final de la semana, el control me estaba haciendo caer en huecos y perder vidas otra vez.
Fue por esa época cuando el temido problema del Joy-Con drift comenzó a aparecer las publicaciones online que frecuentaba. Durante una semana de julio, parecía que solo hablaban de cómo ocurría el Joy-Con drift, cómo solucionarlo y qué hacer ahora que tú también la tenías. Incluso había una demanda colectiva en curso contra Nintendo por el problema.
Hablaban del Joy-Con drift como si fuese un herpes de consola para los dueños de un Switch. Disculpen la imagen mental.
Así que ahora que sé que otras personas también están experimentando esta enfermedad y no soy el único que la sufre, estoy dejando atrás la ira y entrando directamente en la negociación y la depresión.
Desde julio hasta finales de septiembre, me limité a juegos de puzzles como Levels+ y los juegos de Nintendo Online (¡le di la vuelta a Super Metroid en dos días, 97%!), jugando exclusivamente con los botones direccionales. A estas alturas, estoy convencido de que la Switch debería haber venido con un D-Pad estándar. ¿Cómo así, Nintendo?
Me puse realmente triste de no poder disfrutar del todo de juegos recientes que recién había descargado, que requerían el joystick analógico, como Firewatch y ese fantástico demo de más de 10 horas de Dragon Quest XI.

Mi inacción para reparar la consola se debió a varios factores. Primero, estaba esperando a ver si Nintendo haría un anuncio oficial sobre la reparación. A la vez que el problema explotaba en la internet, Nintendo Latinoamérica (también conocida como Latam) anunció que la garantía de las consolas se había extendido en la región por dos años más.
Uno de mis hermanos en Panamá también estaba (y, al momento de esta publicación, todavía lo está) lidiando con el Joy-Con drift, así que me alegré por él, pero ¿y el resto de nosotros en Europa? Incluso cuando vivía en Latinoamérica, siempre parecía que Europa salía perdiendo en cuanto a noticias de videojuegos.
Históricamente, Japón y América siempre han sido la prioridad, disfrutando de lanzamientos más tempranos, portadas de juegos con mejor diseño, más ofertas e incluso siendo favorecidos en los horarios de las transmisiones de grandes eventos. Si alguna vez te tuviste que desvelar hasta la medianoche de un jueves para ver un Nintendo Direct, sabes de lo que hablo.
La segunda gran razón por la que no actué rápido —y puede que suene tonto— es porque estaba esperando a que Nintendo anunciara su supuestamente más grande, rápido y potente Nintendo Switch. Tú sabes a cuál me refiero: con el nuevo procesador gráfico y mejor resolución. Eso todavía no ha sucedido.
La última razón fue básicamente la más simple: nunca he enviado a reparar un producto de Nintendo.
He tenido todas las consolas principales de Nintendo desde el NES, excepto el Wii, y nunca he tenido problemas. Ni siquiera sabría qué hacer si mi Switch se hubiera estropeado en Panamá, pero sé que hay centros de reparación autorizados en el país, sobre todo porque es donde se encuentra la sede de Nintendo Latam.
Tenía miedo de que me cobraran por intentar reparar mi control, pero después de hablar del problema con un amigo español del trabajo, me enteré de que en la Unión Europea todos los productos electrónicos tienen una garantía de dos años por defecto. Al parecer, es algo que todos los residentes de la UE saben, pero una auténtica novedad para alguien como yo, que viene de un país donde las tiendas nunca te devuelven el dinero por un producto defectuoso. Claro, puede que te den crédito en la tienda, pero no te devuelven tu dinero.
Así que, hace dos semanas, envié mi Switch por correo a Nintendo Ibérica, el servicio de reparación oficial de Nintendo en España. Bueno, más que enviarlo por correo, lo metí en una caja llena de plástico de burbujas para que alguien viniera a recogerlo.
El proceso fue sorprendentemente fácil. Entré en la página web Nintendo España y me remitieron al centro de reparación, que no es ni la mitad de bonito, pero funciona. Una vez allí, rellené el formulario que me dieron, ingresé los datos de mi consola e imprimí los documentos que me pidieron que incluyera en la caja.
Solicité el servicio el domingo 20 de octubre y esa misma noche recibí un mensaje automático diciendo que recogerían mi consola en mi apartamento el 23 de octubre. Efectivamente, al mediodía, alguien vino y se llevó a mi bebé.

La semana siguiente estuve muy ocupado con mi revisión médica anual, el trabajo y la renovación de mi blog. El 29 de octubre recibí un nuevo correo electrónico diciendo que habían diagnosticado mi consola, pero no me dieron ningún detalle, así que entré en su chat y me dijeron que me devolverían la consola el 4 de noviembre y que no me cobrarían las reparaciones.
Hoy, mi compañero de piso recibió a mi bebé en una preciosa caja gris de Nintendo. Nunca antes había recibido un paquete de Nintendo ni de nadie relacionado con Nintendo por correo.
Tras arrancar la tira de seguridad de la caja, la abrí y encontré un papel que explicaba cómo cuidar la consola y una factura que indicaba que ambos Joy-Con estaban defectuosos. Debajo de los papeles estaban mi consola y mis controles, cuidadosamente guardados en fundas suaves color blanco.
Al examinarlos más de cerca, los joysticks análogos de ambos Joy-Con parecían haber sido reemplazados y sus carcasas también parecían nuevas. La factura mencionaba que las reparaciones tenían una garantía de seis meses, lo cual me dio cierto alivio.
Inmediatamente volví a colocar mi tarjeta micro-SD (piden que la retires junto con cualquier juego físico antes de enviar la consola) y comencé un nuevo run de Enter The Gungeon, llegando hasta la guarida secreta de la Rata Ingeniosa sin ningún problema.
En total, la reparación de mi consola tardó aproximadamente dos semanas y el proceso fue bastante sencillo. Estoy feliz de tener a mi bebé de vuelta, pero, francamente, estaría más feliz sabiendo que dentro de un año el problema no volverá a aparecer y, lo más importante, que no me cobrarán por solucionarlo.

Publicado originalmente el 4 de noviembre de 2019.