Super Riviú: Joker

Super Riviú: Joker

Estas son solo mis reflexiones sobre Joker, una película que, para empezar, no creía que fuera necesaria.

Ahora bien, al comenzar una reseña con la frase anterior, podrían suponer que odio al Joker o que no creo que deba contarse una historia sobre él. Denme un minuto, por favor.

Adoro al Joker. ¿Cómo no? Este personaje encarna el caos que habita en todos nosotros. Una y otra vez, se enfrenta al mejor detective del mundo y a sus aliados, y aun así siempre tiene un as bajo la manga, lo que al menos hace que sea interesante averiguar si su volatilidad proviene de la locura o de la genialidad.

Por eso sabía que no me gustaría el Joker de Todd Phillips. Porque esta película no encarna ninguno de los rasgos que definen a su protagonista.

Ambientada en la Ciudad Gótica de 1981, la película cuenta la historia de Arthur Fleck, quien vive con su madre en un gueto de la ciudad y lucha contra una enfermedad mental que lo obliga a reír sin control cada vez que se siente nervioso o socialmente incómodo.

La trama de la película es un camino recto y estrecho, una mecha que se acorta a medida que nuestro protagonista, destrozado, comienza a luchar contra las numerosas situaciones de abuso que vive, hasta que sucede lo aparentemente inevitable y se convierte en el personaje que esperamos que sea.

Antes de continuar, debo aplaudir que la película al menos intente contar una historia de origen diferente a la del clásico mafioso que cae en un tanque de productos químicos y pierde la cabeza en el proceso. De hecho, la fábrica de Ace Chemicals no aparece por ningún lado en las pocas tomas aéreas de la ciudad que vemos antes de los créditos finales.

Joker está tan pegada al suelo y se centra tanto en mostrarnos un ángulo bajo de su mundo, que parece que esta versión de Gotham está diseñada exclusivamente para ser pésima en todo aspecto para sus habitantes, el tipo de lugar donde es casi una certeza que un tipo como Arthur se convertirá en un maníaco homicida.

Pero ahí está el chiste. Nunca llegamos a ver realmente cómo ocurre este cambio porque, al comienzo de la película, Arthur ya va bien encaminado a volverse mentalmente inestable. El filme ya ha tomado la decisión de volverlo loco por él, así que solo nos queda a nosotros, como espectadores, presenciar cuán lejos (o rápido) caerá en el hueco.

Joaquín Phoenix actúa como nunca, eso es indiscutible. Cuando vi el tráiler, pensé que simplemente basaría sus gestos y comportamiento en la legendaria actuación de Heath Ledger en The Dark Knight, pero una vez que la película despegó, quedó claro que el hombre hizo la tarea y creó su propia versión del Príncipe Payaso del Crimen, o, en el peor de los casos, un prototipo agradablemente demente.

Y, sin embargo, una película no es solo la actuación de un actor. Todd Phillips toma prestado cada truco de las películas de gangsters y dramas criminales para darnos una visión cruda y realista de una de las ciudades ficticias del crimen más corruptas que hay en los cómics. Es genial.

Cabe preguntarse si Warner Bros. eligió a Todd Phillips como una especie de juego de palabras para insinuar que un director de comedia también puede hacer películas tristes que te hagan sonreír. No me hagan caso.

Joker tiene todos los indicios de una obra cinematográfica sólida y, sin embargo, se siente vacía porque su trama representa al personaje principal solo a nivel superficial. No nos enseña nada que no supiéramos ya sobre el Guasón, ni explora un aspecto nunca antes visto del personaje de la forma en que historias recientes como Batman: White Knight o Dark Nights: Metal lo han hecho.

Para ser una historia fuera del canon de Batman, esperaba más novedad.

Se han presentado argumentos sólidos en la internet sobre la autenticidad con que la película muestra el trato que la sociedad da a las enfermedades mentales en general, pero me gustaría postular que Joker podría funcionar mucho mejor como un estudio de esta realidad si no estuviera ligada a un personaje ficticio de cómics y todo el bagaje que eso conlleva.

El hecho de que este filme no pudiese contenerse y arrastrase no solo la muerte de los padres de Bruce Wayne (otra vez), sino también una escena completa en la que Arthur dibuja una sonrisa en el rostro de un Bruce joven con sus dedos es pura complacencia hollywoodense y un testimonio de cómo el Guasón no puede realmente ser completo y válido a menos que alguna parte de Batman, por pequeña que sea, esté presente en su creación.

Esta es una película sobre un villano, y sin embargo, un villano sin héroe es solo un abusador, lo que me hace sentir que el protagonista de esta película es el tipo de matón común y corriente del que el Joker que conozco se reiría.

Publicado originalmente el 2 de noviembre de 2019.


Super Riviús son reseñas de opinión. Es posible que el objeto de la reseña haya sido proveído por los autores o editoriales de forma gratuita.

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