Pocas veces en la vida podrás vivir una fantasía épica que no haya fallado un solo tiro en todas sus temporadas de televisión. Si fuese un show promedio, la tercera temporada de Primal habría desbaratado la nave en el aterrizaje, pero heme aquí, una semana después del fin, diciéndote que aquello fue increíble.
Antes de avanzar, un poquito de contexto.
Camino a la tercera temporada, le propose a Del, mi pareja, que viéramos Primal desde el comienzo, prometiéndole que le gustaría a pesar de que es una serie animada con un dinosaurio y un neandertal donde nadie habla.
Si has estado en mi posición, lo entiendes perfectamente bien. Parte del arte del “pitch” es tentarla con una buena experiencia sin delatar detalles que le hagan hacerse ideas.
En mi caso, le dije que al final quedaría sorprendida de sí misma con la forma en que se identificará con estos personajes aparentemente sencillos.
Tres Doritos más tarde, alcanzamos a comenzar la 3ra temporada y quedé complacido conmigo mismo (aunque sin mostrarlo mucho para afuera) de como logré que mi chica que odia los zombies quedara emocionada con cada nuevo episodio.
Ok, ahora sí.

El final de la tercera temporada de Primal fue un vendaval de emociones.
El episodio comienza con Spear tratando de localizar a Mira y su recién nacido, presintiendo problemas cuando llega a la aldea y se percata de que ni ella ni Fang o sus hijos están allí.
Spear logra encontrar a Mira y su comité en medio de una lucha contra lo que solo puedo describir como un demonio pantera que por poco mata al bebé y deja a Fang arañada cual juguete de gato.
Aquí es donde el episodio nos da el primer respiro, con Spear encontrándose cara a cara (literalmente) con su nuevo bebé por primera vez. Es un momento enternecedor que por poco nos da la impresión de que este episodio será una despedida lenta.

Pues no. El show nos arrebata la calma sin demora para lidiar con los asuntos pendientes de Spear, cuya posibilidad de “volver” del más allá permaneció un misterio durante casi toda la temporada.
En el episodio 8 quedó claro que Spear puede sentir otra vez y no es solo un cadaver viviente con vagos recuerdos de su vida previa. Encima, su cara se arregló y aunque todavía tiene una mano esquelética, el resto de su cuerpo ha vuelto a la normalidad.
En los últimos episodios de la temporada, la trama insinuó que la mejora de nuestro protagonista se debió a la misteriosa sustancia negra que obtuvo como recompensa por ganar las batallas en el coliseo del volcán. El show hace un astuto callback a la primera temporada donde el mismo líquido negro apareció y casi ocasiona la muerte de Fang a manos de un gorila.
Lo que sigue es una montaña rusa, en lo que la matriarca de la tribu del volcán, molesta ante la posibilidad de perder a su preciado campeón a manos de su nueva familia, obliga a Mira, Fang y sus crías a beber el líquido negro mientras sostiene al bebé de Mira de rehén.
Spear, atónito en cuanto solo puede ver a su amada y sus amigos convertirse en bestias mutantes sin razón, se libra de sus cadenas en un intento desesperado por separarlos y así evitar que se maten entre ellos.
El creador de la serie, Genndy Tartakovsky, sabe que si estás viendo este final de temporada estás más que invertido en la historia de Spear y sus aliados. Es esa certeza la que lleva al equipo de Primal a jugar con los sentimientos de la audiencia en una secuencia cruel.
La situación se vuelve un caos total, con todos nuestros héroes tratando de arrancarse las cabezas, y justo cuando Del está que ya no puede mirar, el volcán que había estado en la distancia durante toda la pelea erupciona y hace que el coliseo colapse con todo y su tribu.

Hubo un momento particularmente duro en el que la matriarca, cayendo a su fin en la lava, suelta al bebé.
Del casi hace que los vecinos llamen a la policía con su grito de pavor. Su alivio se sintió por toda la sala cuando Spear apañó a la criatura en el último segundo.
Poco a poco, Spear logra sacar a los hijos de Fang del trance salpicándoles un poquito de lava, pero la única cosa que trae de vuelta a Mira es el llanto de su bebé después de que ella en su rabia le hace una herida en la frente.
Fang también parece incapaz de regresar en sí hasta que Spear por poco cae en la lava. La mamá T-Rex logra salvar al neandertal en el último instante y nos da la imagen icónica que hemos visto cuando estos dos logran sincronizarse y convertirse en una fuerza de la naturaleza.
Quizás la jugada más astuta que la tercera temporada logra es darnos un guiño al final del episodio, cuando vemos la misma secuencia del final de la temporada anterior, con Fang y sus hijos ya mayores junto a Mira y su hija (¿o hijo?).
La diferencia es que esta vez nos revelan que Spear siempre estuvo en la foto, a pocos pasos detrás de su familia.
Es un final emotivo y positivo, muy en la línea de lo que Tartakovsky nos acostumbra dar. En entrevistas, el veterano animador confesó que al comenzar la producción, sentía que el show estaba saltando el tiburón (“jumping the shark”), pero que a medida que avanzaba se dio cuenta de que esta era una historia espectacular.
Debo decir que concuerdo con el señor en toda medida, pero ahora sí me pregunto cómo rayos van a superar esto en la temporada que sigue.



