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Pateando Calle: Antuerpia y el Espanglish

Si alguna vez Usted mochilea por el mundo y se encuentra con otro mochilero(a) que resulta ser panameño, tómese una foto con él o ella porque podría estar viendo un posible espejismo.

La triste realidad del caso es que muy pocos panameños mochileamos y cuando lo hacemos, rara vez encontramos a otros compadres en el camino.

Cuando salí de Suiza realmente no pensé en visitar Bélgica, pero justo el día que regresé a Amsterdam desde Utrecht recibí un mensaje de mi amiga Vanessa y supe que debía ir. No sólo porque nunca había visitado este país amado por su cerveza y estaciones de tren tipo Hogwarts, sino porque Vane sería la primera panameña que conozco en Europa.

Brutal sería mi sorpresa cuando hablamos por teléfono y me dijo que otra de sus amigas del patio, Astrid, también llegaría a su ciudad el mismo día.

Menos brutal fue la sorpresa cuando me percaté de que me había montado en el tren equivocado a mi destino, Amberes.

El Perdido

Cuando regresé de Doetinchem decidí quedarme en un hostal diferente al Stayokay. No es que hubiese algo malo con aquel lugar, pero quise ver otra locación, así que me hospedé en WOW Amsterdam, un lugar bastante removido del centro, pero muy tranquilo y con camas espaciosas.

Era viernes por la noche, había pasado exactamente una semana desde mi primera llegada a Amsterdam y me sentí en un completo 180° de cuando recién llegué aquella vez. No había música, bosque o gente cool para bailar. Por esta razón, pensé en ir a dormir temprano y estar listo al día siguiente.

Me levanté temprano, tomé mis cosas y aproveché el desayuno gratuito antes de salir a la parada de bus y tomar el tren. El bus tardó al menos 20 minutos en llegar a la parada y cuando por fin arribó a la estación faltaban sólo 5 minutos para abordar el tren. Corrí como bestia por todo el Amsterdam Centraal hasta llegar al andén 15a (el ultimísimo condenado) y treparme al tren.

Debía hacer dos cambios de tren: el primero en la estación de Breda, donde luego iria a Roosendaal y finalmente de Roosendaal a mi destino en Antwerpen Centraal. En el segundo cambio, tomé el tren equivocado y terminé regresando a Breda en vez de avanzando hacia la ciudad de Vane.

Fue un error que me costó 2 horas de viaje y terminé comprando un boleto de tren local que no fue caro, pero igual fue inconveniente. El imprevisto fue causado porque no lei el número de tren en mi boleto y porque ese fin de semana estaban haciendo reparaciones en el tramo hacia Roosendaal, por lo que los trenes en esa vía habían sido atrasados o suspendidos y la gente debía en vez tomar buses hacia este lugar.

Les recomiendo nunca perderse en el sur de Holanda. Cuando por fin llegué a la parada para el bus hacia Roosendaal, habían al menos otras 50 personas en la misma situación que yo. Estábamos en el medio de la nada, rodeados de un huerto de maíz que olía a misma mierda de vaca. Japoneses, africanos, franceses, españoles, todos metidos en un bus tipo penitenciaria conducido por un tal Ramón Estevez. Nunca se me olvidará su nombre — era un tipo negro y alto, con la cara de cabreo de alguien al que le tocó reemplazar a otro infeliz en su turno del sábado. El tipo manejó con furia criminal y cuando por fin nos dejó en Roosendaal me miró con desdicha después que le di las gracias. Qué bendición.

¿Donde Estoy?

Llegué a Amberes rayando las 3 p.m. y cuando Astrid y Vanessa me encontraron estaba cansado y quería comer. Ver a Vanessa y saber que no estaba perdido me alegró un poco y me puso de mejor humor.

Fuimos a un restaurante de comida asiática y comenzamos a charlar por un rato, donde conocí a Astrid y aprendí que ella ganó una beca para estudiar alemán en Alemania y eventualmente consiguió un trabajo con la filial alemana de una fábrica Toyota en Bruselas.

Dos horas más tarde, las chicas habían terminado de hacer compras en el famoso Meir y yo estaba agotado, así que fuimos al apartamento de Vane y ¡preparamos hamburguesas de cena!

Lo cool de estar con Astrid y Vane es que por primera vez en meses pude tener una conversación a lo panameño. Cada uno contaba historias de sus aventuras en el extranjero y todos en la habitación sabíamos los manerismos, las palabras raras, el espanglish y las atorrancias típicas de nuestro país sin tener que explicárselas o traducirlas a terceros.

El Domingo

Astrid debía regresar a Bruselas el domingo, así que nos levantamos temprano y fuimos a comprar desayuno en un supermercado cerca. Allí fue donde grabé esto:

[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=2BGhNDqE2zQ[/youtube]

Para los que no conocen a Vane, ella es una blogger de comida que ha vivido en Bélgica por casi 8 años ya. Ella y yo nos conocimos en la Universidad Latina de Panamá, donde yo estudiaba diseño gráfico a la vez que iba a trabajar en un call center como supervisor. En la universidad íbamos a las mismas clases y cuando nos graduamos ella se fue a vivir en Europa y cuando visitaba Panamá nos encontrábamos para hablar. Mi hermano también es un blogger de comida así que ambos se llevan bien, lo cual siempre me pareció muy cool.

Si alguna vez viajas a Europa a conocer a un blogger, no esperes otra cosa que ir a conocer buenos restaurantes de la localidad, que fue exactamente lo que hicimos.

Hace Ambere (Lo Siento)

Vane nos recomendó primero el Wasbar, un restaurante/lavandería (leíste bien) donde puedes ir a lavar tu ropa mientras trabajas en tu laptop y bebes una cerveza. Vane lo llama un “restaurante hipster” y es fácil ver por qué — a pesar de ser un lugar práctico, la comida es bastante gourmet y el ambiente del local es relajado pero bien trabajado en su diseño.

Luego fuimos a Tinsel a comer postre (bueno, ellas a comer postre, yo a tomar fotos). Al igual que Wasbar, me encantó el diseño gráfico sencillo y sutil del local, tanto así que tomé múltiples fotos de afuera y adentro, y por alguna razón me enamoré del piso en la entrada y convertí la foto en la portada de este artículo.

En la tarde, acompañamos a Astrid a la estación central para despedirnos y luego caminamos por el Puerto de Amberes que corre a lo largo del Río Escalda (Scheldt) y vimos el atardecer mientras yo me comía un plato de alitas fritas con ensalada.

Al llegar el lunes, mi huésped debía trabajar temprano, así que aproveché para ir a ver si me cortaba el cabello y de paso veía unos comics (yeah, esta combinación existe!), pero lastimosamente ambos lugares estaban cerrados al medio día.

Después de dos días recordando lo cool que es ser panameño, salí de Amberes hacia la estación de Bruselas, donde me esperaba mi siguiente aventura: BlaBlaCar hacia Münster, Alemania.

Pateando Calle: Antuerpia y el Espanglish


Pateando Calle es una columna de mis aventuras mochileando como loco por el mundo, documentando como sobrevivo con poco dinero y cero idea de lo que estoy haciendo. Para más aventuras, mira el archivo.