A no ser que hayas estado viviendo debajo de una piedra por lo menos durante los últimos meses, debes haber escuchado del éxito del momento, Heated Rivalry, la adaptación de una serie de novelas de la escritora Rachel Reid sobre el romance ilícito entre dos jugadores de hockey de equipos rivales, Ilya Rozanov y Shane Hollander.
Originalmente, Heated Rivalry se transmitió a través del servicio de streaming canadiense Crave y, por lo menos desde mi perspectiva, tenía todos los elementos para pasar desapercibida: un tema bastante niche (jugadores de hockey), actores pocos conocidos y producida por una cadena canadiense.
Por alguna razón, durante las primeras semanas de enero la popularidad de la serie estalló y no he dejado de ver posts sobre ella en mis feeds de Twitter e Instagram—lo que por supuesto despertó mi curiosidad y me hizo decidir verla.
La serie de seis episodios ha atraído a una marejada de fanáticos hardcore y ha causado revuelo en todas partes.
¿Sobre qué trata Heated Rivalry?
En Heated Rivalry, Shane e Ilya mantienen su romance en secreto, no solo porque juegan para equipos diferentes, sino porque lamentablemente todavía es muy difícil ser homosexual dentro del ámbito de los deportes y ninguno está listo para salir del closet de un modo tan notorio.
El show cuenta la historia al estilo de series yaoi como Junjou Romantica, donde nos muestran a otra pareja en condiciones similares a las de Ilya y Shane; Scott es compañero de equipo de Shane y se enamora de Kip, un chico sencillo que trabaja en una cafetería.
Así que además de tener tropos del yaoi como el POV de varias parejas, tiene su propio coffee shop AU!
La mayoría de los episodios cuentan el romance de la pareja principal, que se desarrolla a lo largo de varios años, con solo dos episodios dedicados casi exclusivamente a Scott y Kip, la otra pareja.
Por qué funciona
La serie funciona principalmente por la química entre Ilya y Shane, interpretados por Hudson Williams y Connor Storrie, donde Shane es el chico bueno que sigue las reglas y es el favorito de los medios y comentaristas deportivos (no sé lo suficiente sobre deportes para compararlo con un atleta real, pero imagínense a algún atleta universalmente querido que nunca ha hecho nada malo en su vida). Ilya es el clásico “bad boy”: mal hablado y agresivo dentro y fuera de la cancha.
Ver a Ilya y Shane interactuar es lo mejor de la serie y, aunque hay algunas veces en las que quieres agarrar a Ilya por el pescuezo y sacudirlo al más puro estilo de Homero Simpson, su dinámica no sería tan encantadora si Ilya no fuese un cretino con corazón de oro y Shane un niño absolutamente adorable que debe ser protegido a toda costa.
A pesar de contar con solo seis episodios, la historia no se siente apresurada en su mayoría, salvo una excepción de la que hablaré más adelante.
La cinematografía es excelente para una serie que se entiende es de bajo presupuesto, y ni hablemos de la música en algunas escenas, aunque estoy dejando por fuera una parte importante del enganche que tiene la serie: escenas subidas de tono entre Ilya y Shane que son tratadas con bastante clase sin dejar de ser extremadamente sexy.

Para esto pagué, carajo
Heated Rivalry no se guarda nada en sus escenas de sexo y, a pesar de que me gustó mucho la serie y nunca llegaron a ser demasiado explícitas, a veces me sentí como viendo una porno donde la trama era una excusa para la próxima escena con nuestros protagonistas fornicando.
No me malentiendan, esto no es para nada una queja, pero sí es un aviso para que sepan a qué atenerse si deciden darle un chance a esta serie.
Hubo penalty
Como no hay nada perfecto, no importa por donde lo mires, Heated Rivalry tiene sus fallas.
La primera es el ritmo con el que se desenvuelve la historia de Scott y Kip. Es tan apresurado que yo sentí que no podía empatizar con Kip en lo absoluto y su necesidad de hacer pública su relación con Scott, considerando que desde un punto de vista práctico, esto bien podría costarle a Scott su carrera y todo por lo que tanto trabajó.
Como da la impresión de que se conocieron dos Doritos atrás, se siente un poco egoísta de parte de Kip el esperar que el otro hombre eche por la borda años de trabajo y sacrificio, y lo elija a él sobre su carrera profesional.
El paso del tiempo está mejor hecho en los episodios que tratan de Ilya y Shane, ya que con ellos es más notorio que llevan muchos años viéndose a escondidas, por lo que todo el drama entre ellos tiene mucho mayor peso y más sentido.
Scott y Kip como pareja, al igual que Ilya y Shane son sùper tiernos, pero lamentablemente la manera como se desenvuelve su romance nunca llegó a engancharme del todo.
El creador de la serie, Jacob Tierney, también ha indicado que su historia es una de “alegría queer”, por lo que no debemos esperar grandes tragedias o melodrama y esto tiene el efecto adverso de que todos los conflictos se resuelven fácilmente y de modo bastante predecible.
Entiendo que las historias queer todavía tienen el estigma de ser negativas y con pocos finales felices, y estoy de acuerdo en que narrativas como las de Heated Rivalry —donde el amor entre personas del mismo sexo no es algo destinado a la tragedia— son absolutamente necesarias, pero me hubiese gustado que se arriesgaran más con algunas de las tramas que introdujeron a lo largo de la temporada.
Un golazo seguro
Heated Rivalry es una muy buena serie que disfruté muchísimo y que recomiendo al 100%.
A pesar de las fallas que mencioné, la serie es muy divertida, la química entre los protagonistas es innegable y yo personalmente no puedo esperar a que salga la segunda temporada.
¡Tal vez me enamoraré de Scott y Kip como lo hice de Ilya y Shane!
Kathy Salvatierra es una autora panameña y amante del fanfiction en todas sus facetas. Anteriormente ha colaborado con Astromono en su columna Fujoshi Report y a menudo puede ser encontrada en las redes sociales profesando su amor por Ghost de Modern Warfare 2.



